martes, noviembre 18, 2014

No tenemos un mañana



Me desperté un día sabiendo que jamás tuvimos un mañana. La desazón del olvido teñía las paredes y el aire olía a despedida. Abrí los ojos pero no pude moverme de la cama. El peso en el pecho me ahogaba las ganas y me invadía de angustia. Nunca tuvimos un mañana, y no porque no quisiéramos o porque no nos alcanzaran los besos, fue más un asunto del tiempo, ese enemigo invisible que nos va quemando por dentro y nos va convirtiendo en sus víctimas. Y sin importar cuánto te he amado, no nos queda nada aparte del recuerdo y de pensar que fuimos lo que quisimos, pero jamás lo que debíamos ser: un par de amantes con un mañana.

Nunca tuvimos un mañana, mi amor, y cómo duele ahora que el vacío nos congeló la sangre y los días vienen y van sin pena ni gloria, sin esperanza y sin color. Divagamos, navegamos, nos diluimos y nos amamos, nos quebramos de tanto intento y sobrevivimos a la hecatombe del destierro y el fracaso. Nos quisimos como se quieren los delirantes dueños de los relatos desgarradores del pasado y nos dejamos para siempre en la parada del tren, abandonados, con ese abrazo del final que se devora las promesas y se convierte en el único recuerdo latente, ese que se va perdiendo a medida que rozamos otras almas, visitamos otros sitios y desnudamos otros cuerpos.

No tenemos un mañana, ni tú ni yo, y lo sabemos. Siempre lo supimos, pero es más fácil creer que sí cuando se tiene el hoy, el momento, el instante en el que somos felices y eternos, únicos y capaces. Ahí es donde el aliento se engaña y cree que todo es posible, que puede con la carga de no contar con ese mañana que al amanecer se disfraza de un hoy con los juramentos intactos, porque mañana no se refiere al momento en el que vemos juntos salir el sol, no mi amor, mañana es eso que no tenemos, que no tuvimos nunca, lo que viene después: la casa, el perro, el jardín y los hijos, las madrugadas heladas y hasta los abismos.

No hay mañana porque fuimos lo que siempre juramos, pero de ser tanto sin ser del todo nos quedamos con la nada, solos y sin respuestas, sin eso que nos faltó, el fuego que se extingue sin dejar cenizas, el cadáver de tanto anhelo, el hedor del pánico que distrae y nos separa, todo ese amor desbarrancándose mientras tú y yo, arropados bajo el mismo cielo pero con el espíritu ajeno, sin mañana y sin futuro, nos fuimos dejando atrás y ahora, que nos tenemos frente a frente, las palabras se nos quedan cortas y nos ahogan la voz.

No tuvimos un mañana, amor de mi vida, pero vaya que tuvimos el presente. Prefecto y letal hasta la muerte. Tanto, que un solo soplo de esperanza nos podría devolver a ese hoy que fue tan nuestro, con el pulso disparado y con las venas colapsando por la sangre que sonroja y que juega a delatarnos. Juguemos a querernos hoy, con el alma y con las manos, porque mañana no tendremos, eso está claro, pero sé que por lo menos estaremos satisfechos de haberlo intentado.

miércoles, noviembre 12, 2014

De la piel.

De la piel son las excusas y el roce, los encuentros, los matices, las voces.
De la piel el delirio que prende el fuego y de la música los acordes.
De la piel es este afán de merecerte, de cambiarme el nombre y el pasado.
De la piel como dos niños, inocencia de los años, jugueteando con el viento.
De la piel que ancla el deseo, de tus manos descubriendo cada parte de mi cuerpo
De la piel y de tus ojos, de tus besos, tus antojos, dueños siempre de los sueños
De la piel que nos invoca, nos distrae y nos perturba, que nos hace prisioneros.
De la piel es el tiempo que se cuenta en segundos, en minutos y en momentos
De la piel es este encuentro, sin quererlo y sin tenerlo, de tu boca y de tus besos
De la piel que vibra sin compases, de la pasión y la lujuria, del amor sin ataduras,
De la piel es la impaciencia, es el ansia de tocarnos… de morir en el intento.

miércoles, septiembre 24, 2014

Extrañar a alguien

Extrañar a alguien tiene su ciencia. La vida empieza a girar alrededor de la ausencia y la invocación constante e involuntaria, construyendo escenarios utópicos donde convergemos y nos chocamos como planetas. 

Extrañar a alguien tiene cierto encanto. Nos vuelve creativos y didácticos, porque cada vez es más urgente inventarle tretas al tiempo y juegos a la mente para distraerla y no pensar, no recordar, no darle paso al anhelo y a la angustia.

Extrañar a alguien tiene sus ventajas. Se pierde peso sin ejercicio y se mantienen vacíos los lagrimales. La rabia nos hace valientes y la opinión de los demás deja de importar. 

Pero extrañar a alguien es tan aburrido para quien extraña. Lo convierte en un fantasma, en un holograma de sí mismo. Mantiene vivas las esperanzas y guarda en un baúl la conciencia para que no le grite lo que es tan cierto: extrañar a alguien es algo inerte, una gran pérdida de tiempo.

miércoles, agosto 13, 2014

Atraviesas...


Con la angustia propia de los amantes furtivos, te anhelo como quien desea ver el sol por última vez antes de morir, como quien nunca ha visto una estrella fugaz y tiene en el alma un deseo guardado. Atraviesas el umbral de las caricias y me incendio hasta convertirme en cenizas, sin dolor, sin reparos. Cuando sueño contigo, la ausencia se hace menos y pareces tan real, con ese montón de luciérnagas orbitándonos para alumbrar lo que es eterno, lo que tenemos en las manos… libertad.

Atraviesas con tus manos todas mis barreras y me rindo ante la conmoción que me gobierna, que me hace presa del intenso ardor en las costillas y el diafragma porque las mariposas han abandonado su estado de oruga y sus alas me revientan en aleteos las entrañas donde atraviesas con tu luz mis miedos y no puedo más que cerrar los ojos y sentir cómo recorres los caminos, las calles, los centros, el universo entero para tenerme cerca, para prohibirle a la espera que nos devore y nos obligue a olvidarnos, porque tú atraviesas todo cuanto construí, todo cuando imaginé, encallado en mis manías, entre pecho y espalda.

Atraviesas espacios vacíos de amores breves y foráneos para quedarte conmigo y así poder quererte bonito, a la vieja usanza, como ya no se ve pero todos demandan, con besos que redundan y pasiones que se exceden. Como una daga atraviesas mi corazón, partiéndose en dos con la evidencia: las almohadas se roban los sueños y nos quedamos únicamente con los recuerdos, esos recuerdos que atraviesas para decirme que a pesar de todo nunca estaremos lejos.

martes, junio 17, 2014

Carta al Vacío Vol. 4

No hay ningún mérito ni novedad en hablar de ti. Lo que sí es valioso es tener la oportunidad de desahogarse por lo menos un poco con alguien de absoluta confianza y que además nos conoce a los dos. Te confieso que al recorrer tus espacios y recoger tus pasos sentí un profundo vacío; las manos me sudaban, el corazón a punto de reventar y este anhelo miserable de un recuerdo sin doliente. Nadie oye, nadie sabe, nadie entiende, nadie ve, y a mí me consumen la espera infértil y el silencio. Con cuánto placer te orbitaría de nuevo, aún con toda tu crueldad. Busqué rezagos de tus murmullos en un lugar que nunca fue nuestro pero que me sirvió de excusa para componerte y dibujarte, para creerte y coquetearte, para regodearme en el absurdo y pretender que construía una historia sin hechos, sin personajes secundarios y sin pasiones latentes. Recordé para reemplazar la espera, hablé bien de ti para disfrazar la impotencia y te extrañé. Cada día repito una y otra vez algo que se ha convertido en mi mantra: no volvió cuando pudo, no volverá jamás, no hay reciprocidad y este vacío al que le escribo es lo único que me queda, que nos queda. Suplicar telepáticamente que vuelvas es la constante de esta paradoja, y con todo esto, aún me queda aliento para preguntarle al cielo si durante todo este tiempo has pensado por lo menos un breve instante en mí. No creo.

jueves, mayo 22, 2014

Prohibido Escribir.

Me dijeron que no podía escribirte. Me pareció tonto de veras. ¿Cómo le piden a un escritor que no escriba? Es como si le cortaran las alas a un ave, como si se callara la voz de un protestante, como si me dejaran desnuda en medio de la calle con hambre e hipotermia. Me pidieron que no te escribiera, que guardara lo que siento en un baúl, que escondiera mis miedos y que usara el extintor de la calma para sofocar el fuego que me inunda las venas cuando cierro los ojos y te veo allí, tan mezquino y tan ágil, tan visceral e inconsciente. Me prohibieron escribirte como si fuera tan fácil, con toda la crueldad que implica, con el esfuerzo que tengo que hacer para ahogar los gritos de mis entrañas y bajarle la revolución a los fuegos artificiales que se me acumulan en los poros, desesperados por salir, por brillar en lo más alto del cielo. ¿Puedes creer que me pidieron no escribirte?, ¡Si es lo que mejor sé hacer! Reunir un montón de letras y darles un orden incoherente que solo tiene sentido en mi cabeza; agarrarme con fuerza de la probabilidad y alimentarme con cada instante que te tengo cerca, segundos perfectos en los que lo ajeno es propio y tus brazos son escudos cálidos que me protegen del terror que le tengo a tu ausencia y a tus manías dispersas. La vida se me pasó en un psicodélico flashback y no pude más que hundirme en tus manos y renunciar a la invasión de pesimismo que me acompaña día a día para morder tus labios en sincronía perfecta y adueñarme del encanto de tener tu rostro adherido al mío. Y así me encontré contigo y con la certeza de no poder escribirte, me lo prohibieron desde antes, desde que les hablé de ti, de tus ojos verde triste y tu manera de arrugar la nariz cuando sonríes. Y entonces me hablaste de ti, me contaste esas cosas que no le dices a nadie, me vestiste con palabras y me dibujaste tanta tontería de tu imaginación que se me empalagaron los oídos y se me estrujó el corazón. Y es que me gustas tanto así, tanto, tanto que no puedo contarlo, no puedo ponerlo sobre el papel porque es extraño; me gustas todo y con todo, desde la cicatriz de la quijada hasta los tornillos en las rodillas, desde la cortada en el pulgar hasta la marca en la ceja derecha – y mira que eres torpe – pero eso también me gusta. Lo siento tanto, me prohibieron escribirte, lo hicieron mis temores, mis amigos, mis enemigos, mis críticos, los aburridos eruditos que creen saberlo todo sobre mí, que me lleno de películas en la cabeza, que construyo ideales que no serán, que me paso la vida divagando sobre recuerdos bonitos que se desvanecen al otro día. Es verdad, así soy yo, la que compone desvaríos y te alucina. Y me muerdo las falanges para no correr a verte, para dejar que la vergüenza gane y para no caer en el absurdo de pensar en lo que viene. Me aguanto las ganas, me anudo la lengua y respiro como practicamos esa vez. Inhalo… exhalo… inhalo… y no te escribo más porque está prohibido, porque sé que estoy perdiendo el tiempo. Cierro los ojos y bajo los párpados te encuentro aunque no debo, una clásica traición del subconsciente. Un. Dos. Tres. El aire huele a ti. Y te respiro. Y te escribo.

martes, abril 15, 2014

Si fueras quien eres cuando estoy contigo.

Si fueras quien eres cuando estoy contigo, yo sería la mujer que tú imaginas:
guerrera valiente, diferente, sin tapujos, sin rodeos,
sin miradas lastimeras y sin temblores en la voz.
Si fueras quien eres cuando estoy contigo, me vestiría de colores,
me cubriría de flores y elevaría al cielo una oración
para que el Ser en el que creo te cuidara cada día,
todos esos días en los que no puedo estar contigo,
porque si fueras quien eres cuando estoy contigo, la vida sería perfecta,
nuestra vida mi amor, la que nos hemos inventado juntos.
En los espacios que me quedan cuando no estoy contigo y te extraño
he aprendido a creer en milagros, en milagros y en el viento,
el que me cuenta las historias que susurran tu nombre,
el que se lleva las risas, las palabras ajenas, las tristezas viejas.
Y si tú fueras quien eres cuando estoy contigo, te entregaría mis pasos
las navajas de mis ojos cortando la tensión del breve instante,
ese instante en el que no soy, en el que no eres, en el que no somos.
Y es que si fueras quien eres, si estuvieras conmigo,
la palabra silencio perdería el sentido.

martes, abril 08, 2014

Carta al Vacío Vol. 3

Comparo mis memorias con los flashback de una película. De repente estoy así como si nada, y ¡bum!, apareces tú diciéndome algo bonito en cualquier circunstancia y sonrío. Tuve una charla increíble con alguien que te conoce, no sé qué tanto, pero que si te menciono entenderá al instante, y mira que esa charla me hizo pensar en ti. ¿Cómo estás?, ¿qué hay de tu vida?, ¿cómo van las cosas? Preguntas sencillas que daría la vida por responder, pero me niego a preguntar por ti, sería un suicidio. Hoy no te odio. Ayer decidí dejarte atrás. Mañana seguramente te extrañaré un poco de nuevo, y así se nos irá la vida hasta superarlo por completo. Hoy estoy segura de no saber quién eres y de que nunca lo supe. Lo insoportable realmente es que le dieras la razón a todos y tener que guardarme la versión original de lo ocurrido para no confirmar los temores de quienes me hicieron mil advertencias: prohibido enamorarse, prohibido involucrarse, prohibido sentir, prohibido odiar, prohibido reclamar. Pero ya ves tormento, se nos cayó la máscara a los dos. Tú no eras el bueno de la historia y yo no era tan fuerte ni tan madura. Finalmente, aunque intenté no hacerlo, terminé imaginando que habría un después sin importar cuál sería y sin prestarle atención a tus maliciosas intenciones que invitaban a alejarme. Sentí que eras cercano, que podías ser mi amigo. Fallé.

jueves, marzo 20, 2014

Carta al Vacío Vol. 2

Te odio. Y es gracioso, porque en mi mundo de absurdos donde nunca tengo nada claro, lo único claro es eso, que te odio y con muchas ganas. El odio es un sentimiento que consume y marchita las buenas vibraciones, pero ¿qué podemos hacer?, si después de tantos, pero tantos días dándole vueltas al mismo asunto, tú has hecho alarde de tu cinismo para darle la razón a todas esas personas que me advirtieron un millón de veces el error tan grande que era encariñarme contigo. Y mira tormento que este descubrimiento no me ha hecho ni más ni menos feliz, pero por lo menos darle nombre al sentimiento produce cierta tranquilidad. Ahora, eso no quiere decir que me rasgue las vestiduras o contemple el suicidio como opción, no vales tanto, entre las muchas cosas que no mereces, esa en especial saca la cara por todas. Puedo insistir en que no mereces mis letras, y de hecho nunca mereciste lo que entregué por tu causa, pero ahondar en lo obvio no nos va a regresar en el tiempo ni nos va a devolver las sonrisas que nos debemos. Lo lamento tormento, de nuevo, por los dos, y mucho más cuando te apareces en lugares irrisorios y cada día, aunque sea una vez, saco tiempo para recordarte y revisar la lista de chequeo de mi cerebro en la cual explico por qué debo liberarlo de ti. Eres difícil de olvidar tormento, pero no imposible. Créeme, soy experta en ello.

miércoles, marzo 12, 2014

Carta al Vacío Vol. 1

Buenas tardes tormento. Son tantas las cosas que han sucedido desde que te fuiste. Las cosas han cambiado, otras personas se han ido, nuevas han llegado, ya sabes lo que dicen, la vida cambia, las cosas cambian y la gente cambia. Incluso yo, he cambiado mucho y no puedo decir que para bien o para mal. Solo sé que cada día batallo en contra de tu ausencia y mi miedo a extrañarte. Es una sensación que odio y que cada día hace más daño. Estoy segura que no va a durar para siempre, porque así soy yo, dramática hasta los huesos pero al final olvido y paso la página. Lo que pasa es que a veces es más rápido, a veces se demora más, todo depende. En realidad, no es la ausencia la que duele, es la indiferencia y saber que a pesar de todo no voy a mover un dedo para volver a verte, porque aún el lado consciente de mi inconsciente es lo suficientemente fuerte para saber que esto es lo mejor. Y aún así, a veces se arremolinan en mi estómago las ganas y en mi cabeza las emociones y siento tanta impotencia y tanta rabia que quisiera tener la manera de hacértelo saber. Y ni siquiera lo mereces, ahí está la ironía, porque no mereces nada, ni tenerte en mi cabeza a cada momento, ni cada lagrimita boba que he derramado, ni estas letras mereces. Qué tristeza me das, tormento. Qué lástima nos tengo a los dos.

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