jueves, marzo 17, 2016

No soy la mujer que estás buscando



No soy la mujer que estás buscando, lo siento. Quisiera serlo a veces, solo a veces, en esos días en los que eres fuego y por tu culpa arden las ciudades y el viento se llena de humo y escarcha negra, en esos días quisiera ser la mujer que buscas, la que puede apagarte, amainar tu ira, abrazarte y dormir a tu lado para que estés tranquilo.

No soy la mujer que estás buscando. Quieres alguien frágil, vulnerable, impotente ante tu locura y tus arrebatos infames, tu falta de consideración y tu sombría manera de enterrar cualquier sueño en lo más profundo de la tierra.

No soy la mujer que estás buscando, a pesar de amarte más que nadie, como solo se ama una vez en la vida. Yo fallé en la búsqueda, te encontré cuando no debíamos, cuando no podíamos, cuando ninguno de los dos sabía que es posible creer, inherente crecer, con todo y que riman como rimábamos nosotros, ese engranaje perfecto de tu cuerpo y el mío devorando las ansias y rompiendo los miedos.

No soy la mujer que estás buscando. Tú buscas aire, buscas ser libre, quieres un refugio que se parezca a tu hogar, ese que tienes conmigo, que sabes que está acá entre mis sábanas, en los cajones de mis súplicas, en los años y años de destierro, bajo las costillas, sobre el diafragma, ese es tu lugar en el mundo, donde viven mi poesía y los besos dulces que te han cobijado cada mañana.

Pero es una lástima, no soy la mujer que estás buscando. La quieres suave, la anhelas joven, la buscas ‘cuerda’, que no se queje, que no haga escenas, que no dibuje ni tenga letras. Que no tenga conflictos con tus días difíciles y que al contrario los vuelva fáciles. Que sea amable, que tenga clase y que no haga dietas.

Yo, mi amor, no soy la mujer que estás buscando. Siempre ha sido así, es la dinámica de nuestra relación, una rutina que seguimos al pie de la letra. Yo me acostumbro, tú te acostumbras, nos desnudamos con la aurora, nos vestimos en la alborada y el mundo gira sin darnos cuenta.

Y mientras tu imponencia reclama a esa mujer que estás buscando, ciego en tu soberbia, yo me divierto ante tu angustia y te digo… no soy la mujer que buscas, amor mío, porque para mí, siempre, siempre has estado prohibido.

viernes, noviembre 20, 2015

Dormir sola



Después de tantos días sin escribir, acabé escribiendo contigo. No puedo usar el verbo en otro tiempo ni armar la frase de otra forma; no puedo decir ‘escribirte a ti’ o ‘escribir por ti’ porque aquí estás, sin importar los inútiles esfuerzos que he hecho para que te vayas. Compartimos eso, ¿sabes? Tan obstinado, tan caprichoso, tan insistente siempre… tal como yo. Y ahora dime, de verdad, así, como los amigos que somos, ¿por qué no te has ido?, ¿por qué tengo que respirarte en cada rincón y verte detrás de mis párpados cada noche? Tu aroma impregna cada uno de mis días y todo el juego del olvido se ha hecho tan pero tan esquivo que por momentos, pero léelo bien, solo por momentos tengo que escribir contigo a ver si juntos logramos salir de aquí, a ver si tenerte tan incrustado en la mitad del alma me ayuda de alguna forma a entenderte y entenderme, a entendernos mejor y saber por qué es tan difícil renunciar y soltar como lo hace la gente normal, como lo haría cualquiera. Pero sabes, te lo cuento en secreto porque me avergüenza que lo escuchen los demás, lo que pasa es que la gente normal me tiene lástima y me ve como un adicto en rehabilitación, ¿no te ha pasado? Que sientes sus miradas comprensivas y sus palabras de aliento esperando que la repuesta sea ‘ya estoy bien’, ‘ya no duele’. Me pasa todo el tiempo, así que opté por adelantarme y ser yo quien lo afirme con convicción y sin titubeos en la voz: ‘estoy bien’. Bueno, a decir verdad, en el fondo la repuesta sería ‘estamos bien’. Sí, los dos estamos bien porque estamos juntos, es triste que no lo sepas pero así es, estás aquí como un fantasma que no descansa en paz y no me deja descansar a mí. Pero se me acabó el coraje, se acabó el petróleo de la lámpara que iluminaba ese rayito terco de esperanza, quiero apagar la luz y dormir una sola noche sin ti. No quiero que me rodees con tus brazos hoy, no quiero sentir tu respiración en mi cuello y tus manos enlazadas con las mías a media noche, quiero dormir sola y en paz; sino quieres quedarte… ¿por qué no te vas? Déjame a mí con mis preguntas y mi escabrosa visión de un futuro donde no existes, donde quizás nunca exististe y yo construí edificios enteros sobre arena movediza y promesas que aunque escuché nadie me cree, palabras que dijiste y que han ido perdiendo color con el paso de los días y con las miradas lastimeras de las personas que aunque esperan lo mejor para mí, no han podido entender que en mi cabeza y en el fondo de mis anhelos lo mejor para mi eras tú, sigues siendo tú y serás para siempre tú, pero no te quiero más aquí, quiero saltar sola y caer de pie como los gatos, dormir, soñar, descansar y por la mañana levantarme sabiendo que escribo por ti, escribo para ti, pero contigo… jamás. Nunca más.

martes, agosto 25, 2015

Testimonio

Antes de empezar y jugar a que ponemos las cartas sobre la mesa, debo decirte la única verdad que no cambiará al cerrar este texto y que finalmente fue la que nos trajo hasta aquí: te amo. No es una confesión lastimera ni es una manera subliminal de convencerte de algo que desde el principio no quieres creer. Sencillamente es como llegar a un cuarto de juicio, dejar el arma cargada, sin seguro sobre la mesa y a la vista y acceso del victimario. Es algo que ya sabes, ¿por qué te sorprendes? Abres los ojos como platos y te sabe a improperio. Amarte, debo decir, es de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida y creo que lo he hecho bien, amarte con el alma y amarte físicamente porque cada caricia y cada beso que te di se midieron milimétricamente procurando que las yemas de mis dedos le contaran a cada uno de tus poros lo orgullosas que estaban de poder tocarte y haberte elegido entre millones de humanos para depositar anhelos y derretir sonrisas al calor de tus distraídos ojos verdetriste. Ahora, que dimos las vueltas necesarias y que por voluntad propia nos regodeamos en nuestra culpa y nos adherimos a un pasado que no se puede cambiar para decir que no somos capaces de estar juntos y jugarnos esta aventura llamada vida en pro de lograr lo que abrazados prometimos, ahora que todo se nos vuelve quejido, lástima y mutua compasión me pregunto, ¿qué nos trajo hasta acá?, ¿en qué momento perdimos el piso y nos inundó la tristeza?, ¿o es que soy solo yo quien se rasga las vestiduras porque tú dejaste de luchar y yo me aferro a nadar contra la corriente, negándome a creer que lo que fue realmente no fue nada porque no somos nada, no estamos en nada y no quedamos en nada?

Y mira que ha sido curioso el proceso. He estado sola, he estado acompañada, me he quejado, he concluido cosas, me he quedado en la nada, he sido monotemática, he buscado cosas para distraerme, he tenido noches largas de insomnio y he dormido para no pensar, me he asustado con el reflejo en el espejo y por último, me desperté un día preocupada por ti porque solo así podría explicarse tu desesperante silencio: algo malo debía estar pasándote, algo que te sirviera de argumento para abandonarme a mi suerte y no sentir que me estabas dando una palmadita para botarme al abismo. Y fue la última vez que supe de ti. No sé si agradecerte u odiarte por ello. Me respondiste para tranquilizarme y para disminuir la carga que llevas en el pecho, o tal vez porque sabías que en algún momento, presa del pánico, enloquecería y comenzaría a llamar a tu familia y a todas esas personas que no quieres que sepan que entre los dos se tejen rarezas y se pintan arcoíris, que hemos bajado hasta el infierno y que hemos subido al cielo juntos con el chasquido de los dedos y con mis ganas infinitas de convertirte en poesía y acariciarte letra por letra porque eres inspiración y delirio, porque en tu voz me cobijé y me gustó y ahora estoy aquí, en esta encrucijada triste y colmada de vacíos, tan llena de recuerdos como de drama y ausencias que aún no sé cómo manejar, que aun no entiendo, que me cuesta ver en perspectiva porque me cuesta respirar y me cuesta más que nada vivir sin ti y decirle al mundo que no me importa, que no pasa nada, que no te quiero y que estoy lista para volver a creer en todas esas cosas cursis que me planteé contigo: el jardín, el perro, los bebés, la casa que huele a hogar. ¿Dónde entierro la impaciencia y cómo me cubro la fe? Si estás en todas partes y yo jamás volví de ti, de tu encuentro y tu despedida; jamás regresé a mí y lo que hay es un fantasma que camina por inercia y que te extraña hasta morir. 

No es una carta de despedida porque la renuncia se me hizo esquiva y en realidad no me quiero ir. Déjame las mariposas y el aire, echarte de menos como deporte extremo y llorar para la dieta. Es lo que puedo hacer por ahora, lo que me dejaste: escribir y dibujarte en mi mente porque es lo que la resignación y el cuerpo me permiten. Si me vieras ahora no creerías que soy yo, la misma que te bañó con su risa escandalosa y te juró que no sería la última vez, que me volverías a ver, que jamás me olvidarías porque soy inolvidable, soy insuperable, soy adorable, pero más que cualquier cosa, soy la única que te ha amado como si no hubiera un mañana, como quien atesora algo invaluable y lo guarda en un lugar sagrado, ahí donde se pone lo que importa, entre pecho y espalda, ahí donde yo siempre he creído que tengo el alma. Antes de terminar, quiero decirte una verdad irrefutable, la que me trajo y me traerá siempre hasta aquí: te amo. No es nada nuevo, acostúmbrate a vivir con eso. Y por supuesto… con mi recuerdo.

miércoles, agosto 05, 2015

Del amor he aprendido...



Del amor he aprendido que todo pasa cuando debe, que la lluvia puede traer magia, que el sol sí brilla para todos, que el mar aferra unos a otros, que cenar camarones o pollo no hace la diferencia, que la distancia no se mide en kilómetros sino en risas, que un beso de agua salada te ancla al paraíso y que el regazo correcto se convierte en hogar.

Del amor he aprendido a cerrar los ojos y lanzarme al vacío, que en las entrañas se esconden secretos y que hay abrazos que nada puede reemplazarlos. Del amor he aprendido que hay pasiones que se desbordan y nos vuelven valientes, que hay ocasiones que transforman, gemidos que nos hacen sentir vivos y susurros en el oído que devuelven la fe.

Del amor he aprendido que las olas se enfrentan en medio porque si golpean desde arriba hemos perdido todo; que no se puede respirar agua y que los huracanes pueden devastar con genialidad y elocuencia, que pueden robar el aliento, quitar el sueño, arrebatar las manías y demostrar que un desastre natural puede ser lo mejor que nos pase jamás.

Del amor he aprendido que hay cicatrices que no asustan, que hay ácidos que no queman, que hay pasados que no preocupan y que hay lecturas entre líneas que pueden cambiar el rumbo y el color, que hay confesiones que sonrojan y fantasías que se cumplen. Que hay gente que se instala en medio del pecho y ya no quiere salir más.

Del amor he aprendido que hay alguien allá arriba que nos quiere, que abrigar es un vicio y la cobardía no existe, que hay visitas que son un regalo, que hay encuentros sin memoria y razones que te ahogan la voz. Del amor he aprendido a tratarlo de usted y a adorar los instantes. Del amor he aprendido que la vida es bonita, mi amor.

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