miércoles, agosto 05, 2015

Del amor he aprendido...



Del amor he aprendido que todo pasa cuando debe, que la lluvia puede traer magia, que el sol sí brilla para todos, que el mar aferra unos a otros, que cenar camarones o pollo no hace la diferencia, que la distancia no se mide en kilómetros sino en risas, que un beso de agua salada te ancla al paraíso y que el regazo correcto se convierte en hogar.

Del amor he aprendido a cerrar los ojos y lanzarme al vacío, que en las entrañas se esconden secretos y que hay abrazos que nada puede reemplazarlos. Del amor he aprendido que hay pasiones que se desbordan y nos vuelven valientes, que hay ocasiones que transforman, gemidos que nos hacen sentir vivos y susurros en el oído que devuelven la fe.

Del amor he aprendido que las olas se enfrentan en medio porque si golpean desde arriba hemos perdido todo; que no se puede respirar agua y que los huracanes pueden devastar con genialidad y elocuencia, que pueden robar el aliento, quitar el sueño, arrebatar las manías y demostrar que un desastre natural puede ser lo mejor que nos pase jamás.

Del amor he aprendido que hay cicatrices que no asustan, que hay ácidos que no queman, que hay pasados que no preocupan y que hay lecturas entre líneas que pueden cambiar el rumbo y el color, que hay confesiones que sonrojan y fantasías que se cumplen. Que hay gente que se instala en medio del pecho y ya no quiere salir más.

Del amor he aprendido que hay alguien allá arriba que nos quiere, que abrigar es un vicio y la cobardía no existe, que hay visitas que son un regalo, que hay encuentros sin memoria y razones que te ahogan la voz. Del amor he aprendido a tratarlo de usted y a adorar los instantes. Del amor he aprendido que la vida es bonita, mi amor.

jueves, junio 11, 2015

Duelo



Hoy las calles se cubren de vacíos y de ansiedades. La lluvia inclemente, lágrimas del cielo, proclama ausencias y celebran despedidas. Me alimenté de la nada, migajas de amor etéreo, pedacitos de beso, resquicio de atención y de cordura, dos palabras y diez silencios en doce meses de uñas mordidas y sonrisas esporádicas que se nutrían de probabilidad y de la alquimia propia de las ganas que se instalan en las entrañas y se anclan en el alma de quien se aferra a su rayito de luz y lo convierte en la estrella central de su sistema solar, ahí donde los planetas convergen y giran a su alrededor, esos planetas compuestos de oxígeno y culpas, hidrógeno y anhelos, nitrógeno y planes, disculpas y abrazos sin destinatario, combates sin dolientes y una tremenda carga de autocompasión.

Hoy las calles se cubren de miedo y del llanto de las nubes. El cielo gris como una hoja de papel espera que yo escriba para ti un mensaje de esos donde abundan las súplicas ocultas entre líneas y los silogismos, pero no quiero, escuetamente diré que estoy triste y eso me deja fuera del juego, libre de tu influjo y aferrada a mi pasión por dramatizar nuestra vida, ubicarte en escenarios donde regresas y desdibujas mis premisas para que estar equivocada sea la mayor de mis virtudes.

Hoy las calles, mi cielo, se cubren de ti, de ti y de este duelo que cual viuda de cuento he decidido hacer para acabar con nosotros y con los rezagos de historia que se me quedaron en los bolsillos por contar. El aire que me falta porque me faltas y el que respiro por inercia para sobrevivir hoy es más denso pero es el mío, y mientras seas un tropiezo y te escriba otro desvarío, de mí y de mis cargas te libero y hasta me río, porque hoy las calles se cubrieron de lluvia, pero yo me estoy muriendo de frío.

lunes, mayo 25, 2015

Epifanía



No necesitas decir nada. Abre los brazos que el nuevo día te espera. Sí, soy yo, la misma que juró no creerte, no abogar por tus intentos y tus repentinos cambios de humor. Tú, antipático misterio de la creación que desesperas con esa mirada incrédula y esa manía de tener para todo una respuesta ¿de dónde vienes?, ¿qué es lo que quieres?, por qué me resultas tan irresistible, tan inevitable, tan vital; por qué quererte es un vicio, indispensable como respirar, anhelarte y besar tu ausencia como si de ello dependiera todo, mi vida, tu vida, todo. Amor mío... ¿sabes hace cuánto no llamo a alguien así? Absurdo, lo sé, tan tonto como la certeza de ser, de abrigarme en tus silencios y pensar que si me amas yo voy a amarte como nadie lo ha hecho jamás, hasta que se disipen las dudas y lo veas con esos ojos que me hablan sin pronunciar palabra, hasta que se revienten las ganas y te envuelva mi voz en una alabanza eterna. Es una epifanía mi amor, amor de mi vida, lo vi en las estrellas, en ese cielo que compartimos y que me enseña tanto sobre lo eterno y sobre el placer de componerte y soñar despierta que recorro con las manos mi territorio perfecto, mi hogar tan adorado, tus manos, tu divina humanidad conteniendo todo lo que me inspira y todo lo que no alcanzo a describir con palabras. Te he querido tanto y tanto te querré que he puesto mi alma a tu servicio a pesar de la ansiedad y del eco de mis miedos retumbando en los espacios en los que quiero convertirte en poesía para respirarte y acariciarme con tus palabras contadas y precisas. Y es que si hay una verdad irrefutable en nuestro mundo divergente, es que a ti nadie te ha querido ni te querrá así después…

miércoles, abril 15, 2015

Hablo de ti



Hablo de ti en pasado y ya no duele. Hoy por primera vez dije tu nombre y no sentí frío, no sentí que me estallaba el vientre ni se me derretía el alma en suspiros. Hablo de ti en pasado porque ahí estás, donde decidiste quedarte y donde abandonaste nuestros intentos para continuar por un camino inmenso que solo te correspondía a ti, a ti y a tus ansias de convertirte en hielo a pesar del fuego que llevas dentro, porque a mí, lo que me queda a mí, es la ausencia y las respuestas que no tuvieron nunca una pregunta para atender y que se fueron convirtiendo en polvo. Se las llevó el viento.

Hablé de ti en pasado no hubo llanto. No hay nombre ni seudónimo que te represente. Pasaste de ser todo: el mar, el aire, el sol, el día y la noche, a ser él o ese, sí, con todo y las cursivas, con el desenfado y el desgano que tanto amor deteriorado amerita. Yo me fui consumiendo, me fui agrietando por dentro y de tanto anhelo se me inundaron los porqués y los cuándos, a la espera siempre de que dijeras que sí, que podía vivirte en presente simple y en progresivo, usar gerundios para besarte y puntos suspensivos para extrañarte.

Hoy hablé de ti en pasado y ya no existes. No te perdí ni me has perdido porque siempre fuimos ajenos. Unos días más que otros, en las madrugadas más tristes y en el deshielo. Y mira que fue un amor bonito, de los grandes, de los buenos. Hoy que digo te quise y no digo te quiero, hoy por fin lo entiendo, estás tan lejos, que no nos alcanzó la vida para saberlo ni para perdernos en musarañas y sueños. Hoy hablo de ti, un sentimiento pasajero, porque al final tomamos lo que podemos y con el resto... alzamos vuelo.

lunes, febrero 16, 2015

Lejano

Me engaño. Qué pequeño es el mundo y qué curiosa la vida que nos deja en este punto muerto, suspendidos en el tiempo. Me engaño porque creo que hay maneras y que en el fondo no hay distancia.

Me blindo. ¿Con quién dormiste ayer?, ¿y antes de ayer?, ¿y la semana pasada? Me blindo anticipando las respuestas que perciben sin dudar los peores escenarios.

Me escapo. La realidad es tan obvia y tan perversa que pone contra la pared mi improbable inocencia. Me escapo de ella y te veo tomándome las manos mientras beso tus ojos y rozo con el pulgar las comisuras de tus labios.

Me duermo. Prefiero cerrar los ojos y aferrarme a la nada. Me duermo con tu imagen borrosa bajo los párpados y el latido de tu corazón retumbando por doquier como el triste tic tac de un reloj viejo. 

Lejano. Y ajeno como nadie ha sido, porque extrañarte es criminal y la angustia me devora. Quédate allá amor, donde quiera que estés. Al final tú tenías la razón: mi pasión por la tragedia no tiene control.

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